XXIII
Que me callen la mirada y cieguen mi boca,
deseo − dije en febrero pues no la conocí −
que me corten las manos si esto es en vano,
me dejen en un conjuro haber si alguien me invoca
quiera usted atreverse a traerme hasta aquí
pues aguardo, hada hermosa, me ofrezca su mano.
